La chica de humo

Lele estaba cansada. Venía despierta desde hacía varios días, ocupada con el enjambre de robots-abeja asesinos que había tenido que exterminar. Luego, los informes a la Central. Todo era burocracia inútil. Formularios electrónicos, que no se llenaban solos.

Ahora, con sus ojos cerrándose, asistía a la ceremonia de unión estelar de la tía abuela de su pareja. Rhu estaba a su lado y a la vez no estaba, como siempre. Sonreía como estúpido, se reía de la monotonía de las decoraciones, de los vestidos de las señoras del geriátrico, de la seriedad de los octogenarios en sus trajes de gala multicolor y de los sombreros con monedas colgando que todos los no solteros debían usar. Ella quería darle una patada. Pero la música antigua de fondo le daba una extraña sensación de felicidad infantil.

La banda sonora de la boda de la anciana era también la de su más temprana infancia. Así que, entre cabeceadas de microsueños, se permitió recordar su niñez.

—Estoy seguro de que Dyon ni siquiera tiene ganas de casarse —murmuró Rhu, con desprecio—. Todo lo hace por ella.

Lele ahogó un bostezo y le dio un codazo a su pareja.

—Que lo haga por ella es aún más admirable. Justo en esta época de tanto egoísmo —contestó.

En ese momento, el sacerdote ingresó, con sus velas aromáticas de vainilla encendidas y arrojó las serpentinas ceremoniales al aire. Los monaguillos, detrás, hicieron sonar las trompetas en la sagrada melodía de la cucaracha, himno de los antepasados de aquella colonia planetaria. Los asistentes, que llenaban la capilla, alzaron un brazo y dieron la vuelta en sentido horario, como mandaba la costumbre. Luego, a la señal del oficiante, todos se sentaron en los bancos de seis patas que tenían detrás. Lele pensó que la decoración de unicornios con cabelleras satinadas no podía ser más anticuada. Pero los clásicos siempre eran lo más seguro en cuestiones de gusto.

Se ajustó el kimono verde flúor y siguió esforzándose por no dormirse.

Las bailarinas de ula ula la despertaron, por un momento. Luego, al darse el saludo de paz universal con el resto de los invitados, siempre en sentido horario, pudo despabilarse mejor. Pero los continuos chistes de mal gusto del propio sobrino nieto de la novia la pusieron de pésimo humor.

Lo observó. Su vestimenta negra, su gesto siempre pedante, su actitud eterna de saber más que el resto… Y se comparó ella misma, con la niña que soñaba con declaraciones de amor como la del anciano que bailaba la danza de la gallina clueca frente a todos en ese instante. Observó su propia situación, en el espejo que recubría el techo de aquel templo. Su sombrero de semi-novia, su condición de prometida a alguien que ni se interesaba en respetar a sus propios familiares.

Entonces, se sintió más anticuada que unicornio rosado. No podía seguir así. Tenía que hacer algo por sí misma.

Apenas los novios salieron por la puerta-tobogán y aterrizaron en la piscina de pelotas azules, mientras los invitados los seguían, ella enfrentó a su peor-es-todo. Lo miró, con sincero cansancio. Evitó hacer caso de la burla de él con respecto a sus ojeras. Respiró hondo y le quitó el sombrero.

Él abrió la boca, empezó a decir algo. Ella se sacó el sombrero, también, y lo arrojó hacia el altar, con tanta fuerza, que el muñeco de nieve artificial que lo adornaba se inclinó un poco al costado.

Lo bueno del cansancio es que una ya no tiene ganas de poner energías en lo que no vale la pena. Rhu sí que dormía bien por las noches, ella lo sabía. El insomnio le permitía escuchar sus ronquidos hasta la aparición de los cinco soles en el horizonte de su ventana. Por eso, él se permitía la ira, el desconcierto. Ella no lo necesitaba más. Solo quería una siesta. Urgente.

Así que se perdió entre la gente, en la fiesta. Más tarde tomaría el tren de los corazones rotos. Ahora, se convertiría en humo para dejarse llevar por la alegría general, hasta los baños. Allí seguro podría soñar un rato.

***

Relato escrito para la iniciativa Gym para escritores número dos, de Soñando uno de tus sueños. Participen con sus creaciones, antes del 10 de diciembre, y serán incluidos en la antología para estas fiestas de Roxana.

Quería ponerle a este relato “Heartbroken Express”, por la canción de Dolly Parton, pero no encontré la forma de traducirlo al castellano y que tuviera el mismo impacto en dos palabras (¿”Tren de los corazones rotos”?), además de que el tren ni siquiera aparece en la trama. A lo sumo, lo hubiese agregado al final. Apareció de forma aleatoria en mi lista esta canción, La chica de humo, porque estuve escuchando pura música noventosa estos días, así que fui honesta y la usé.

Cyn Romero

Amante de toda historia bien contada, real o ficticia. Bloguera y escritora del interior de Argentina.

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6 Respuestas

  1. Oh, Dios. Está increíble, fuera de la locura de bailes ceremoniales y decoracionea fuera de temporada (además de la ropa, obvio),que ya de por sí gritan fantasía; el relato es fantastico. Amé esta frase: “Lo bueno del cansancio es que una ya no tiene ganas de poner energías en lo que no vale la pena.” Y el resto me gustó un montón. Ya hacía falta leerte. Gracias por escribir. Besos!!!

  2. ¡Hola! Siempre es un gusto pasarme por aquí a leer tus relatos que me sorprendo y me divierto por igual ¡jo! El Himno a la cucaracha me encantó XD personalmente, ¡quiero estar en esa fiesta! Suena de lo más divertida e interesante, una pena que la prota esté tan cansada que ya todo le dé igual y sólo busque donde descansar. Días así los tenemos todos.
    Gracias por seguir sumándote <3
    ¡Un abrazo!

  3. Frodo dice:

    Es cierto eso que el cansancio sobreviene cuando uno ya no tiene ganas de ponerle energías a algún asunto.
    Así es como se pasa de lo corpóreo al… humo

    Está la canción El boulevard de los sueños rotos de sabina, pero no es un tren. Él tiene sus carricoches de migas de pan, ja!

    Abrazo

  1. 29 noviembre, 2019

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